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martes, septiembre 28, 2004

LA MADRE DEL CORDERO

He leido hace poco que probablemente el estado ideal de cualquier personajillo metropolitano sería la soltería. Matizo que quien decía esto trataba de desentrañar las claves del “manhattanismo”, o estilo de vida metropolitano, cuyas bases (si las hay) empezaron a “implantarse” espontáneamente en el Nueva York de principios de siglo pasado, a medida que la congestión se multiplicaba exponencialmente y la gente trataba de encontrar cómo sobrevivir a aquello, cómo no ahogarse en el meollo sino sacarle todo su jugo.

Es una historia fascinante la del surgimiento de la cultura metropolitana en ese Nueva York, que ahora parece idílico. Yo, además, es que no puedo dejar de imaginarme a Fred Astaire y Ginger Rogers bailando en los salones del Waldorf-Astoria. Pero eso de la parejita perfecta debía ser la excepción ocasional, por supuesto, una imagen distorsionada de lo que la presunta sofisticación podría habernos traído. La cara más naíf y edulcorada de todo eso, la que estadísticamente es menos probable en una metrópolis, la más amable para un público puritano y conservador que seguía atento cada novedad desde el otro lado del océano. La ilusión de cómo se podría disfrutar de la ciudad teniendo aún valores clásicos. Pero está claro que la ciudad, al convertirse en metrópolis iba a arrasar con todos los ecos que pudieran quedar de una moral obsoleta. En su lugar, digo yo, deberían haber surgido otros más interesantes, pero me parece que lo que sucedió es que, sencillamente, la cultura desapareció para siempre y solo se quedaron sus formas.



En el otro extremo hay mil y una manifestaciones de la auténtica realidad que se nos venía encima y a las que no quisimos prestar atención:
El Downtown Atheltic Club era en los años treinta una enorme torre que contenía un gran gimnasio y mil dependencias para el cuidado del cuerpo y la estética ¡masculina!,así como restaurantes donde los hombres solos podían degustar ostras después de machacarse en un ring de boxeo, justo antes de broncearse, tomar una sauna y fumarse un puro mientras se toman un whiskey en otro de los salones del “club”. Al empezar a leer su historia pensé, ¡joder! ¡Este es el edificio más gay del que he oído hablar en mi puta vida! Pero no, la cosa es aún más sorprendente cuando descubres que a ciertas plantas sí que podían acudir señoritas, aunque sólo a presuntos bailes a los que se las invitaba selectivamente. Por encima de esa planta, apartamentos para hombres solos por si acaso triunfaban en el baile, claro. O sea, que dice uno, ¿esto qué diablos era? ¿Un edificio misógino y machista o qué diablos? Porque, perdonad que os diga que en esos bailes en los que sí había público femenino uno sólo puede imaginarse –para los años treinta- dos tipos de tías: fulanas en tropel o bien señoritas de buena familia en busca de su presa, no sé, que no acabo de comprender de qué iba esto, vamos, que me pone los pelos de punta la movida. Puede también que no hubiese nada retorcido en el “club” sino que, sencillamente Nueva York se hubiera inventado ya el refugio perfecto para la conspiración de género, para garantizar la perpetuación de ese sexo estúpido antes denominado “masculino” ante los cambios que se avecinaban. Si fuera así, desde luego eso lo hemos perdido. A ellas les quedan las peluquerías y las tiendas de lencería todavía (sin duda mucho más interesantes que los bares con el fútbol a todo trapo que se supone nos corresponden) pero algo me dice que ni eso, que el género ya desapareció hace tiempo. En su lugar, la opción de cada uno, más o menos moral, según los casos.

Cualquiera con una base de conocimientos más seria que la mía seguro que podría argumentar que ya en la antigua roma había ciertos fenómenos sociales derivados de la densidad y cohabitación de diferentes culturas y eso, pero también debería reconocer que lo de Manhattan sería eso multiplicado por 1000 gracias a su sorprendente congestión, nunca antes vista.

Y puede que esto de la soltería sea verdad, y que por eso este gran paisaje artificial, esta gran metira de consumo, ocio, fantasía autogenerada y devorada que es la ciudad –la mayor oferta posible de experiencias diversas e intensas para la población más numerosa de soledades vecinas- no genere más que desasosiego en todos los que no vemos claro que la vida solitaria sea un ideal. Y fuera de una ciudad nos moriríamos sin duda de sobredosis de calma. Si asumimos esto, por fin nos dejaremos de sufrimientos estériles. Que lo he pensado muchas veces, que me encantaría superar esa barrera intangible que me impide ser un auténtico golfo, y entonces sí, claro, entonces la ciudad pondría a mi disposición todas las comodidades para intensificar la experiencia de mi vida. Pero mientras no me dé por ahí, mientras me empeñe en preservar la intensidad y autenticidad de mis emociones pues seguiré cargando con esta contradicción lo mejor que pueda. Unas veces pensando que solo estoy bien, otras creyéndome que aún es posible lo de encontrar a la tía de mi vida y –aunque sea en medio de Babilonia- confiar en ella mientras estemos juntos. Para “disfrutar” de esta isla de mil oportunidades tengo que pagar un precio, y elegir en qué moneda: la de la frivolidad, la de la soledad, o la de la eterna desconfianza que siempre habrá que disimular.

saludos

pach

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viernes, septiembre 24, 2004

CUESTION DE GENEROS

¿Y si yo fuese una lesbiana en el cuerpo de un hombre?

eso explicaría tantas cosas...

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jueves, septiembre 23, 2004

ZURDOS EN EXTINCIÓN
(Y otras consideraciones sobre el sentido práctico de la vida)

Ya casi no veo la tele porque me pone de mal humor, lo que es una pena porque a mí la tele me gustaba. Pero fíjate tú que ayer de repente ví de reojillo que emitían “redes” a unas horas casi decentes y me senté a darle una oportunidad. Resultó que además el tema me interesaba, así que me quedé un rato dispuesto a padecer al ególatra Punset (quien por otra parte tiene el enorme mérito de hacer el programa que le sale de los cojones con absoluta coherencia y se lo aplaudo) con tal de escuchar lo que algún listillo de universidad norteamericana del norte (el lado rico de la vida) pudiera decir sobre aquello de “la asimetría”.

Y oye-léase con acento catalán-, pues muy bien, muy interesante lo de que evolutivamente tendemos hacia una mayor asimetría cada vez. Que si los organismos más primitivos se pueden permitir la simetría a veces pero los más sofisticados ya no y se empiezan a matizar sus órganos asimétricamente a medida que se especializan: el corazón a la izquierda, el estómago a no sé qué lado, los lados del cerebro (aunque de esto nadie tiene ni puta idea, digan lo que digan) con sus funciones localizadas, etc.
Vamos, que me dejé convencer gustosamente hasta que –cielos- me dijeron que yo estoy en extinción. Porque sobre zurdos y eso ya ha habido algún otro programa desmitificador de leyendas ignorantes y supersticiosas, pero ayer, hablando de asimetría, le preguntaron al listo de la universidad ésa del lado rico del mundo y flipé con su respuesta: los zurdos estamos en extinción.

Según este tipo sólo un 10% de la población es zurda, y genéticamente es muy poco probable que dos padres zurdos conciban a su vez a un hijo zurdo, con lo que el porcentaje seguirá disminuyendo. Eso por una parte. Y por otra, la teoría de que cuanto más evolucionados nos encontramos como especie se supone que tendemos hacia una mayor especialización y optimización de nuestra anatomía, cerebro incluido, lo que lleva a pensar que ese 90% de diestros no es en absoluto casual. ¿y es que los zurdos somos más primitivos entonces? Pues igual sí, pero puede que seamos más fuertes también. Es decir, la mitad de los gorilas son zurdos y la otra mitad diestros a diferencia de lo que ocurre en los hombres. Si la naturaleza ha tendido a hacer diestro al hombre a medida que evoluciona y sigue habiendo zurdos debe haber una razón para que quedemos todavía unos cuantos vivos y coleando. Pues la razón ésa se explica haciendo un símil con (flípalo con la agudeza del lado rico de la geografía) lo que sucede en deportes como el tenis, deportes en los cuales un zurdo siempre tiene ventaja por la capacidad de novedad y sorpresa que representa a un adversario diestro. Esto del tenis se puede extrapolar según el listo aquel al argumento de que en la batalla entre homínidos probablemente los zurdos resultaban con frecuencia vencedores y más resistentes que los diestros. O sea, que si no nos hemos extinguido es porque en el fondo descendemos de una estirpe de gorilas sorprendentes en el combate o algo parecido.



Mira, yo al escuchar todo esto me quedé un poco flipado, porque nunca me había sentido tan minoría social hasta ahora y, mucho menos, especie en extinción. Hombre, lo bueno de esto es que, puestos a ampliar el campo de batalla al estilo Houllebecq, me alivia en cierto modo pensar que puede que esté precondicionado (genéticamente, como a Punset le gusta matizar hasta cuando habla de cocina) a mostrar una resistencia importante frente al enemigo, frente a la sociedad en general, frente al sistema, frente a lo que me echen, vaya. Así que hale, a resistir.

Y por otra parte, hablando del lado más bestia del cerebro –incluso si esto no tiene nada que ver con ello- pues voy a confesaros que yo, aparte de animal en extinción- resulta que no tengo sentido práctico de la vida, ¡¡¡¡a mí la evolución!!!!! ¿tiene algo que ver con el lado más bestia del cerebro o no? Me da lo mismo, pero me lo llevan diciendo toda la vida. Ahora, que no es tan así, lo que sucede es que a la mayoría de la gente le falta rigor y ambición, me parece a mí. O sea, la creencia general es que ser práctico es resolver todo por el camino más corto y hale, a otra cosa. Yo en cambio tiendo a hacer todo por el camino que me sale de los cojones, que con frecuencia es más largo que el estándar, pero lo que defiendo de esto es –sencillamente- que mi objetivo es disfrutar del caminito mientras tanto. Y no pasar a la siguiente chapuza cuanto antes. ¿acaso no es más práctico mi planteamiento?

Besos

pach


ah, y si algyuien dona pasta para salvar a las ballenas o al tigre blanco de malasia me parece que está haciendo el gilipollas, que me da la impresión de que yo mismo soy un ejemplar mucho más interesante de conservar. o no.



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domingo, septiembre 05, 2004

ALONE IN KYOTO

Ya pasó el verano y, sorprendentemente, todo dió un giro imprevisible. sí, señores, no me pregunten qué diablos hicieron los astros pero el caso es que de repente T me sorprendió con que vendría a verme. Impresionante, no? a mí me lo parece.

Si por algo he tomado el título prestado de una canción, contra mis principios, es porque realmente voy a hablar de esa canción de AIR. Me encanta escucharla a todo volumen cuando estoy solo, muy muy muy alto el volumen. bueno, esto es aplicable tambien al disco anterior de estos chicos franceses. Hay mil matices envolventes en sus melodías aparenetemente facilonas que se escapan si escuchas a medias. Moon Safari es un disco mítico en mi vida, me recuerda mil cosas bonitas. Aquel de las vírgenes suicidas lo escuché y me parecío demasiado oscuro, demasiado tétrico, no me gustó. El de los 10 000 herzios no lo había escuchado hasta hace bien poco y me dí cuenta de que si lo hubiese escuchado antes no lo habría digerido bien, pero en cambio ahora como que me llegó justo en el momento, y su presunta oscuridad me resulta interesante y acogedora. ahí me aficioné a AIR a todo volumen, notar las revoluciones acelerándose, las frecuencias distorsionándose con una sutileza tan simple como eficaz. y vuelvo a la canción, que es una película que es una canción y una película.



Ya me extrañaba a mí que en la peli de la "Sofista" Coppola no se encargase AIR de toda la música, fijo que alguno conocéis los porqués, que deben ser un culebrón entre industrias, cachés, copyrights y su puta madre. bueno, la película por fin la he visto y no me ha parecido la hostia pero me ha gustado. esperaba muchísimo más, que me parece que el planteamiento era maravilloso y al final los personajes se escapan vivos. El personaje de bill murray me resulta odioso y paleto yankie total. Me pone de mal humor su actitud, directamente, y me da vergüenza ajena ver al gran bill murray escenificando gags malos de cinedebarrio. Muero de envidia al leer en el afiche a la coppola diciendo que en su juventud estuvo mil veces en japón y tal...joder! qué maravilla! eso no está al alcance de todos, y puestos a criticar, qué desaprovechada la experiencia, no? una tía tan viajada y breada del síndrome Hyatt podría haber afinado mucho más en la peli. Pero no quitemos mérito, lo que sí transmite medianamente bien esa sensación del rollo NO LUGAR, el junkspace, el tránsito, el viaje, etc... (solo Las Vegas se me antoja un escenario similar para una película).

nada que ver con lo del resort (la resortofobia que describí en aquel post), ojo. no es lo mismo. los burger, los centros comerciales, los complejos hoteleros, todo eso me mata. los hoteles urbanos, los aeropuertos, los aviones, todo eso me pone. y me acabo de dar cuenta de esta sutil diferencia ahora mismo, mientras escuchando la canción he sentido una especie de excitación casi infantil mirando por el balcón en penumbra. una sensación de auténtico alivio me recorría el cuerpo al descubrir que, qué cojones, esa soledad de la que tanto me quejo a estar condenado de por vida es en el fondo reconfortante. Puede que no fuera así si me sucediera en otro siglo, pero es que en nuestros días, precisamente, tenemos un mundo a medida para que esa soledad sea llevadera y muy disfrutable. De hecho puede que sea lo que más deseo, donde más cómodo me encuentro...en una habitación de hotel, en un aeropuerto. Y no siento que esté de paso, que eso es lo que me quema a veces, sino que esa -y no otra- es mi auténtica "casa". En mi casa lo que se escucharía de fondo es, evidentemente, un disco de AIR. La prueba es que sus melodías son perfectas para las cortinillas en televisión, perfecta música de transición. No, ni vale lo loungy (porque es nostálgico y de otro tiempo) ni vale lo chilaut (que no me dice nada). a veces cabe el jazz, a veces ciertas cositas tecno, pero lo mío es música de cortinilla.

Porque lo más sólido de mi vida, lo más estable, serán precisamente las transiciones. Ni la película que emiten ni mucho menos el anuncio de después, lo mío es la cortinilla entre ambos (por eso la imagen que pongo no siquiera un fotograma fijo pulcro, sino de menú del dvd) Y comprender esto me ha llenado de satisfacción y optimismo, sí. Acepto por fin que soy frágil en un mundo frágil, lo que probablemente se convertirá en mi mayora fuerza a partir de ahora. Los dos protagonistas de la película parecen incómodos con la situación los muy gilipollas, y a mí se me antoja maravillosa. Porque mi casa ideal sería un hotel, pero en cuanto vivera en él dejaría de ser mi lugar ideal. Mi casa ideal son muchos hoteles. Son todos los hoteles.


saludos a todos

pach

PD: sigo arruinado, se aceptan ofertas de trabajo, que hago de tó!
PD II: y estoy planeando seriamente mi huida de este diario, así que aprovechad cada post como si fuese el último.

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